Yo lo tengo claro en salud: inaugurar no es cumplir. Cumplir es que el establecimiento atienda bien, con personal, con equipos operativos y con procesos que funcionen desde el primer día. Si no, lo que tenemos es un edificio bonito, pero una familia igual de lejos de su consulta.
Por eso siempre insistí en mirar la obra con mentalidad de servicio. No me interesa cortar cinta; me interesa abrir puertas. Y eso implica pasar de la construcción a la puesta en marcha, que es donde se define si la inversión realmente mejora la vida de la gente.
Equipamiento y procura, el verdadero salto
En la cartera de proyectos del sector salud se ve algo muy real: hay establecimientos que ya están entregados, y otros que siguen en etapas como equipamiento o procura. Eso no es un detalle menor. Eso es la prueba de que el último tramo también necesita gestión, porque ahí se juega la capacidad de atender con calidad.
Un centro de salud sin equipos instalados no resuelve. Y un hospital sin equipamiento clínico listo no puede responder como la población necesita. Para mí, esa fase exige el mismo empuje que la obra física: planificación, plazos claros, supervisión y responsabilidad para que todo llegue y funcione como debe.
Operar bien es tan importante como construir
Otra cosa que casi nadie dice, pero yo la digo: el servicio no se sostiene solo con infraestructura. Se sostiene con operación. Con organización, con mantenimiento, con abastecimiento y con personal preparado para que la atención no dependa del azar o del “a ver cómo sale”.
Cuando uno trabaja pensando en la operación, evita errores comunes. Evita ambientes mal conectados, rutas internas que complican la atención, áreas críticas mal dimensionadas y equipos que no se pueden mantener. La puesta en marcha es justamente ese momento donde todo tiene que encajar para que el ciudadano lo sienta en la práctica.
Seguimiento para que el servicio se sostenga
La inversión pública no debe medirse por lo que empieza, sino por lo que funciona y se mantiene. Por eso el seguimiento es clave. No solo durante la obra, sino después, cuando el establecimiento entra en operación y se asegura que lo implementado no se deteriore, no se abandone y no se vuelva un problema.
Esa es la lógica que yo defiendo: obra, equipamiento, funcionamiento y sostenibilidad. No hay progreso real si el servicio no se sostiene en el tiempo. Y en salud, sostener el servicio no es un lujo, es una obligación con cada familia que confía en el sistema.