Cada 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, una fecha que no nació de la casualidad ni del protocolo, sino de una lucha histórica por la igualdad de derechos, por mejores condiciones laborales y por el reconocimiento pleno de la dignidad de la mujer. Esta conmemoración, consolidada oficialmente por la ONU en 1977, recoge décadas de esfuerzo, sacrificio y valentía de mujeres que alzaron su voz cuando hacerlo implicaba enfrentar la indiferencia, la injusticia y la exclusión.
También es una fecha que nos invita a recordar episodios dolorosos de inicios del siglo XX, como la muerte de trabajadoras textiles en Nueva York, hechos que marcaron un antes y un después en la reivindicación social, política y económica de las mujeres. Por eso, el 8 de marzo no es solo una celebración: es memoria, reflexión y compromiso.
Mi reconocimiento a las mujeres del sector salud
Como médico, quiero expresar un agradecimiento muy especial a las mujeres que trabajan en los centros de salud, postas, hospitales y establecimientos médicos de todo el país. Mi saludo va para las médicas, enfermeras, obstetras, técnicas, psicólogas, trabajadoras administrativas, personal de limpieza y para cada mujer que, desde su función, contribuye a cuidar la vida y a aliviar el dolor de los demás.
He sido testigo del esfuerzo con el que miles de mujeres sostienen nuestro sistema de salud, muchas veces en jornadas largas, en contextos difíciles y con una enorme vocación de servicio. Su trabajo no solo merece respeto: merece reconocimiento permanente. Detrás de cada atención, de cada guardia y de cada gesto de cuidado, hay profesionalismo, humanidad y fortaleza.
Gratitud a la mujer peruana en todos los espacios
Pero este día también me lleva a agradecer a la mujer peruana en toda su dimensión. A la mujer que trabaja fuera y dentro del hogar, a la madre que lucha por sus hijos, a la joven que estudia y se esfuerza por construir un mejor futuro, a la emprendedora, a la agricultora, a la docente, a la lideresa social y a cada mujer que sostiene a su familia y aporta al desarrollo del país.
La mujer peruana ha demostrado, una y otra vez, que su fortaleza transforma realidades. Está en cada barrio, en cada comunidad, en cada institución y en cada hogar, enfrentando desafíos y avanzando con dignidad. Por eso, mi saludo no se limita a un sector. Es para todas las mujeres que, con trabajo silencioso o visible, hacen grande al Perú todos los días.
Una fecha para recordar y también para actuar
Conmemorar el Día Internacional de la Mujer también implica asumir responsabilidades. No basta con saludar o agradecer; debemos trabajar por una sociedad más justa, donde las mujeres tengan acceso real a oportunidades, a condiciones laborales dignas, a seguridad, a salud y a un trato basado en el respeto. El verdadero homenaje no está solo en las palabras, sino en las decisiones que construyen la igualdad.
Hoy quiero expresar mi admiración y mi gratitud a todas las mujeres del Perú. Desde aquellas que entregan su vida al servicio en los centros de salud, hasta aquellas que desde distintos espacios empujan al país hacia adelante, mi reconocimiento es sincero. Este 8 de marzo nos recuerda cuánto se ha luchado, cuánto se ha avanzado y cuánto nos falta todavía por hacer para honrar de verdad a la mujer con respeto, justicia y dignidad.