El sistema de salud del Perú no aguanta más maquillaje. Está gravemente herido por décadas de abandono, y la raíz del problema es clara: el presupuesto. Con un país que invierte alrededor del 3% del PIB en salud frente a promedios regionales cercanos al 6%, es imposible cerrar brechas de infraestructura, equipamiento y personal.
Por eso, desde el Senado, mi apuesta es directa: luchar para duplicar progresivamente el presupuesto de salud y asegurar que esa inversión se traduzca en servicios concretos para la población. Sin recursos suficientes, no hay reforma real; solo promesas que se repiten cada cinco años.
Gestión con resultados: hospitales reactivados y obras que avanzan
Cuando asumí el Ministerio de Salud, mi prioridad fue que el presupuesto se convierta en ejecución, no en trámites. Alcanzamos niveles históricos de ejecución presupuestal del 99% y eso permitió gestionar inversiones en 19 regiones para reactivar hospitales que estaban paralizados o entrampados, porque la gente no puede seguir esperando mientras los expedientes duermen.
Además, impulsé el plan “Hospitales Centenarios”, orientado a modernizar establecimientos con más de cien años de antigüedad en Lima y provincias. Modernizar no es un lujo: es la base para atender con dignidad, con seguridad y con capacidad real de respuesta ante emergencias y enfermedades complejas.
Tecnología para todos: cirugía robótica y atención de calidad con el SIS
Yo creo en democratizar la tecnología médica. Por eso defendí el inicio de la cirugía robótica para pacientes del SIS en el Hospital Dos de Mayo y en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas. Este tipo de avances no puede quedarse reservado para quien tiene dinero; debe llegar también a quienes más lo necesitan.
Mi compromiso desde el Congreso será proteger lo que ya se ha logrado y evitar retrocesos por decisiones políticas o cambios de gestión. La tecnología de punta debe consolidarse como política pública, para que el Perú no siga siendo un país donde la medicina moderna existe solo para unos pocos.
Ley de Protección a las Inversiones: que ninguna obra se quede al 50%
Una de mis propuestas centrales es la Ley de Protección a las Inversiones, pensada para terminar con un problema que indigna al país: autoridades que abandonan proyectos al 50% para iniciar otros y dejar “su sello”. Eso tiene un costo humano enorme y un costo económico que el Perú ya no puede seguir pagando.
Esta ley obligará a priorizar el presupuesto de obras ya iniciadas, especialmente en infraestructura hospitalaria, y busca frenar la lógica de la discontinuidad que nos ha dejado más de 1,250 obras paralizadas. Si el Estado empieza una obra, el Estado tiene la obligación de terminarla: esa es la diferencia entre propaganda y gestión seria.