Cuando el país necesita hospitales grandes, modernos y listos para atender, no basta con quererlos, hay que escoger un camino de ejecución que reduzca riesgos, acelere decisiones y mantenga el control. En mi labor como gestor público en el área de salud, entendí que en los proyectos de alta complejidad la demora se convierte en sufrimiento, por eso impulsé mecanismos que permitan avanzar con rigor, sin improvisaciones y con resultados medibles.
En ese contexto impulsé la cooperación Gobierno a Gobierno (G2G) para obras estratégicas en ejecución como el Hospital Antonio Lorena (Cusco) y el Hospital Sergio Bernales (Lima), y también para proyectos de alta complejidad como Piura y Trujillo. Mi enfoque fue simple, si la magnitud es enorme, la gestión también debe estar a la altura.
Qué significa “Fast Track” en la práctica
El modelo Fast Track no es correr por correr. Es ordenar el proyecto para que etapas que normalmente se encadenan de manera lenta puedan avanzarse con una planificación más inteligente, sin saltarse el control técnico. En salud, eso es clave, cada decisión tiene impacto directo en seguridad, equipamiento, operación y calidad de atención.
Aplicar Fast Track en hospitales como los de Piura y Trujillo significa acortar el tiempo perdido en trámites repetidos y concentrar la gestión en resultados verificables. Mi responsabilidad fue asegurar que esa velocidad no sea una apuesta ciega, sino una ruta con estándares, seguimiento y consecuencias cuando algo no se cumple.
Cómo cuidé el control y la transparencia
Me interesa que un proyecto avance bien, con resultados reales y verificables. Por eso, incluso cuando se usa un enfoque más ágil, el control no se relaja, se fortalece. En mi gestión, el seguimiento fue constante, con equipos que miran cronogramas, entregables y decisiones críticas como si fueran parte de una sola línea de mando.
Cuando hay proyectos emblemáticos, la transparencia no es un discurso, es una obligación. La gente tiene derecho a saber que su hospital no se convertirá en una promesa eterna. Yo me enfoqué en que el proceso tenga claridad, responsables visibles y una conducción que no se esconda cuando aparecen obstáculos.
Lo que cambia para las familias
Hablar de hospitales de alta complejidad no es hablar de edificios, es hablar de tratamientos que antes obligaban a viajar, de cirugías que se postergaban, de emergencias que llegaban tarde. Cuando un hospital grande avanza, el impacto se siente en miles de hogares que por fin pueden imaginar atención especializada más cerca.
Yo sostengo este tema porque sé lo que significa mirar a los ojos a una familia y no tener una respuesta. La infraestructura de salud, bien gestionada, devuelve la dignidad. Y si algo quise dejar claro con el modelo G2G y el Fast Track es esto: en salud, acelerar con orden es una forma concreta de cuidar vidas.