EN EL PERÚ, DURANTE AÑOS,
UN DIAGNÓSTICO DE CÁNCER FUE SINÓNIMO DE ESPERA Y MIEDO.
Listas interminables, tratamientos que llegan tarde y familias que tienen que viajar lejos para recibir atención. En cáncer, cada día perdido puede marcar la diferencia.
Eso cambió. Impulsamos la ampliación del presupuesto oncológico y la descentralización de los servicios para que la atención llegue más cerca de casa.
Ahora voy al Senado con una meta clara: que el acceso al tratamiento oportuno quede garantizado por ley, sin depender de la región donde vivas.
El cáncer no puede esperar.
La esperanza tampoco.