Arequipa al límite y la urgencia de actuar con humanidad

Arequipa al límite y la urgencia de actuar con humanidad

Hoy Arequipa vive horas difíciles. Cuando una ciudad siente que está “a punto de una catástrofe”, no es una frase para asustar, es un llamado a priorizar la vida, la salud y la seguridad de las familias por encima de cualquier rutina. Lo digo con respeto y solidaridad, pensando en quienes amanecen con miedo por su casa, su negocio, su chacra o el camino que usan para trabajar.

Como médico y servidor público, sé que una emergencia climática no solo inunda calles, también afecta la salud mental, corta el acceso a servicios, pone en riesgo a niños y adultos mayores, y deja a muchas familias sin descanso. En Arequipa, cuando se activan torrenteras y se interrumpe el tránsito, se rompe la normalidad y aparece lo más importante: cuidarnos entre todos.

Qué dicen los avisos oficiales para hoy en costa y sierra

Para este lunes 23 de febrero, el aviso de corto plazo de Senamhi para Arequipa se mantiene en nivel naranja y advierte que en la sierra se esperan precipitaciones de moderada a fuerte intensidad, acompañadas de descargas eléctricas y ráfagas de viento. También se prevé granizo por encima de los 2800 m s. n. m. y nevadas sobre los 3800 m s. n. m., condiciones que elevan el riesgo de emergencias en zonas altas y de movimientos en masa.

En paralelo, el mismo aviso nacional recuerda que el episodio no es solo local: se anticipan acumulados importantes y fenómenos asociados, y se mantiene el riesgo de aniegos e inundaciones pluviales. Incluso el pronóstico local de Senamhi para Arequipa muestra condiciones compatibles con lluvias en algunos sectores, lo que exige prudencia en desplazamientos y actividades al aire libre, especialmente en horas de mayor inestabilidad.

Los daños ya se sienten y no podemos normalizarlos

Los reportes periodísticos de los últimos días describen una ciudad con aniegos, colapso de desagües en algunos puntos, rescates y una presión creciente sobre la infraestructura urbana. RPP, por ejemplo, reportó acumulados de lluvia de hasta 42 milímetros en algunos distritos y la activación de la mayoría de torrenteras y quebradas urbanas, un dato que ayuda a dimensionar la intensidad del episodio y su impacto inmediato.

A esto se suman evaluaciones que hablan de decenas de emergencias en distintos distritos, afectación de viviendas y daños en vías estratégicas. No son números fríos: son familias con lodo dentro de casa, trabajadores que no pueden llegar, pacientes que postergan controles y barrios enteros pendientes de que el agua no vuelva a ingresar. Eso es lo que debemos mirar de frente para responder mejor.

La respuesta no puede ser reactiva

Cuando el riesgo es alto, la clave es anticiparse. Arequipa necesita una coordinación firme entre municipio, gobierno regional y Ejecutivo para liberar drenajes, asegurar rutas críticas, reforzar puntos vulnerables y proteger a quienes viven cerca de torrenteras y laderas. También es importante que cada familia tenga información clara y siga las recomendaciones oficiales de preparación ante lluvias intensas, porque la prevención no reemplaza al Estado, pero sí salva vidas mientras el Estado actúa.

Debemos tratar esta emergencia con la seriedad que merece. El país ya viene enfrentando temporadas de lluvias con alto impacto, y en Arequipa incluso se han tomado medidas como declaratorias de emergencia en distritos para responder con mayor rapidez. Lo urgente es que esa respuesta se traduzca en apoyo real, maquinaria donde haga falta, atención de salud oportuna y rehabilitación de servicios, sin burocracia y sin indiferencia. Hoy, primero es la gente.